Ayuda al desarrollo.

Todos los países sienten el impulso de ayudarse unos a otros como prueba de aquello que llamaban antes “hermandad entre pueblos hermanos,” y que ahora llaman más discretamente “solidaridad.”  Recuerdo haber oído que cuando el atentado de las Torres Gemelas un africano de no recuerdo qué tribu, que estaba entonces estudiando en los EE.UU. regresó a su tierra y les trató de describir a sus familiares y vecinos lo que había ocurrido.  No puede ser fácil de explicar a personas que viven una vida casi mesolítica en poblados de cien o doscientas personas, lo que es un avión de más de ochenta toneladas estrellándose contra dos edificios de 110 plantas y matando a casi 3.000 personas.  La tribu, impactada por lo que les contaban, se mobilizó y regaló una vaca al embajador americano en su país…

Esta es la cara amable de los absurdos en la ayuda internacional, pero no es la que me preocupa (el embajador agradeció mucho la ayuda y regaló la vaca no recuerdo si a un orfanato o a la propia tribu o algo así).  Lo que me preocupa y me molesta es la ayuda que se da a países que sistemáticamente la malgastan, o en los que se roba, y que no salen adelante jamás, especialmente cuando esa misma ayuda se podría canalizar a otros destinos donde tuviera realmente efecto.

Por ejemplo, leo en un artículo del Guardian que en Brasil se han liberado 4.500 esclavos a lo largo del 2.008.  En Brasil y en otros países, hay gente a la que se recluta para ir a trabajar en una granja en medio de la selva, y una vez allí se les cobra por el alojamiento y la comida más de lo que se les paga por su trabajo, de manera que están permanentemente endeudados y se les mantiene aislados y sometidos.

Entiendo que hay que ayudar a todo el que se pueda ayudar, y no me gustaría tomar yo la decisión de cancelar por ejemplo la financiación de una campaña de vacunas contra la malnutrición en Zimbawe.  Pero, siguiendo con el ejemplo, creo que los fondos públicos de Ayuda al Desarrollo estarían mucho mejor empleados en ayudar a Brasil a liberar personas esclavizadas, que enviando recursos a un país donde sabes que en un porcentaje muy alto se los van a tragar la burocracia y la corrupción.

Ya son muchos años y mucho dinero malgastados en programas de ayuda que en el mejor de los casos son poco efectivos, y ya va siendo hora de aplicar un poco de criterio a estos temas.  Ya que nosotros somos los que damos el dinero, y ya que nosotros elegimos, debemos darlo a países como Brasil, en los que hay una estructura que permite que esas ayudas tengan un impacto muy claro e incluso cuantificable.  Brasil es un país tal vez demasiado grande como para que la ayuda de España pudiera tener un impacto decisivo y definitivo, pero ¿por qué no centrarnos en un país pequeño y razonablemente serio como Costa Rica, y diseñar un programa de ayuda a 20 ó 30 años con el que sacarles de la pobreza de una vez por todas?

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Este es un blog de opinión centrado en la escena política en España. Un blog personal en el que trato de expresar ideas y planteamientos propios; denunciar usos y abusos de las autoridades; y cuando me sea posible, alabar los aciertos que puedan ocurrir.
Poca gente discutirá que urge una renovación del sistema. Yo, modestamente, señalo algunas líneas de acción que creo que ayudarían a mejorar el funcionamiento de nuestro país.
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